viernes, 29 de junio de 2018

Elecciones presidenciales en México: Promiscuidad política

En agosto cumpliré 14 años viviendo en Barcelona, cuando salí de de mí país de nacimiento gobernaba la derecha conservadora en la persona de Vicente Fox y bajo las siglas del PAN (Partido de Acción Nacional) una suerte de PP mexicano; cuatro años atrás Fox conseguía arrebatarle al PRI (Partido Revolucionario Institucional) sus más de 70 años de hegemonía política en México. Si bien en ese cambio de milenio se consiguió pasar del autoritarismo casi dictatorial del PRI a una democracia, discreta, pero democracia al fin; el viraje hacia la derecha y no hacia la izquierda tuvo consecuencias nefastas para la sociedad mexicana, pues se continuo con las políticas económicas neoliberales heredadas del Salinismo y el Zedillismo, comprometiendo seriamente la soberanía del país con privatizaciones de sectores sumamente sensibles y claves en la economía, como el energético, y fomentando la inversión extranjera “sin restricciones” gracias a la complicidad del “sindicalismo institucional” que no tuvo empacho en tejer nuevos lazos con los conservadores, en México abaratar la mano de obra y reducir los derechos sociales de la clase trabajadora nunca ha sido un problema para el gobierno en turno.

Si el sexenio de Fox está marcado por el desastre económico, el sexenio del también panista Felipe Calderón lo está por ser la época más violenta del país (violencia que no ha mermado durante el mandato del retornado PRI): Alrededor de 90 asesinatos al día, más de 1200 secuestros al año, cerca de 700000 denuncias por robo al año y casi 6000 extorsiones anuales.

Creo que desde que vivo en Barcelona, no he escrito nada, o casi nada, sobre México ni su política; en gran medida porque bastante tenemos con lo que hay de éste lado del  charco el cual finalmente es mi entorno más inmediato y el que me afecta directamente. Pero en estos días México está experimentando una carrera hacia las presidenciales de lo más peculiar, creo firmemente que se está escribiendo, en la política de mi país de origen, un nuevo capítulo, sin precedentes desde aquel verano del 2000.

Durante estos últimos meses he estado siguiendo, sobretodo en redes sociales y por medios web en general, la campaña que nos llevará a las elecciones de éste domingo 1 de julio y me preocupa el nivel tan bajo de los políticos (unos más que otros), de sus asesores de campaña (incluyendo agencias de medios), pero sobre todo, el nivel bajísimo de muchos electores.

Lo que he visto me parece lamentable, y no hablo de los bodrios de videoclips propagandísticos en esta suerte de guerra musical que libran desde hace meses unos y otros candidatos, al fin y al cabo, desde el “movimiento naranja” hasta la “niña bien” o el “chavo Chaka” no dejan de ser anécdotas, dentro de la carrera electoral, donde lo realmente importante debería ser el programa de gobierno que cada candidato proponga y el lugar desde donde lo hace dentro del espectro político; ese espectro político, que, en el mundo (y México no es la excepción) muchos se han empeñado falazmente en negar: Derecha e Izquierda.

Aquí es donde me encuentro la primera abominación, esta especie de promiscuidad política donde vemos alianzas imposibles ideológicamente hablando:

De los tres candidatos más relevantes, y entre quienes se está disputando la presidencia del país, comencemos por el más joven, el panista Ricardo Anaya, este neoliberal se alía con el PRD (Partido de la Revolución Democrática) formación política socialdemócrata que en su fundación fue el resultado de la escisión de una parte del PRI, hacia finales de los 80’s, que no estaban a favor del tremendo viraje que el partido estaba dando hacia la derecha con las políticas y filosofía neoliberales propuestas e impuestas por Carlos Salinas de Gortari y sus seguidores. El PRD fue fundado en aquel entonces por priistas históricos como Cuauhtémoc Cárdenas (hijo del General Lázaro Cárdenas quien durante su gobierno acogió y dio asilo a miles de refugiados republicanos en México) ó Porfirio Muñoz Ledo, pero quizás uno de los más destacados por su protagonismo actual sea Andrés Manuel López Obrador, el líder de MORENA (Movimiento para la regeneración nacional) y el candidato que encabeza las encuestas para ser presidente de México en estas elecciones.

Volviendo al PAN y a su candidato Ricardo Anaya, no solo teje una alianza contra-natura con el PRD sino que además incluye en la misma a un partido de reciente creación que recuerda demasiado al partido Ciudadanos de Albert Rivera en España, el Movimiento Ciudadano; y no sólo por color institucional de ambos (naranja) o su nombre, esas similitudes van más allá: Desde haber nacido como una plataforma civil para que en poco tiempo ambos se transformaran en partidos políticos de ideología, supuestamente, socialdemócrata, pero que en realidad se rigen por principios puramente neoliberales.

En el caso del PRI su candidato, José Antonio Meade, es un tecnócrata con una amplia carrera política en las dos últimas administraciones, un perfecto “hijo del sistema” y el mejor ejemplo de lo que ha gobernado al país en las 3 últimas décadas; lo cual se ve reflejado en su coalición: PRI, partido que, como ya he comentado, a finales de los 80’s gira bruscamente 180 grados para situarse de la socialdemocracia al Neoliberalismo tecnócrata; PVEM (Partido Verde Ecologista de México) formación Neoliberal y de estilo democristiano; y finalmente PANAL (Nueva Alianza) otro de estos nuevos partidos “atrápalo todo” que se dicen de izquierda pero en su ideario fundacional ponderan el liberalismo económico.

Por último tenemos a MORENA y su líder, Andrés Manuel López Obrador. Este es un partido de izquierdas, tendiente hacia la socialdemocracia, como era de esperar tomando en cuenta la trayectoria ideológica de López Obrador, y por eso mismo resulta ridículo pensar en que las acusaciones que se le hacen al candidato de MORENA sobre sus vínculos con Venezuela, China, Rusia, Cuba y hasta Corea del Norte, tengan siquiera un ápice de veracidad: Las propuestas  de esta formación política nada o muy poco tienen que ver con el Marxismo. Sin embargo sí que se alía con el PT (Partido del Trabajo) que si que se le puede considerar socialista y de influencia marxista, más tendiente al internacionalismo libertario que al comunismo ortodoxo. Hasta aquí, la coalición MORENA-PT tiene cierta coherencia, entonces aparece en escena Encuentro Social, otro partido “transversal” que no se define dentro del espectro político, y lo niega al mismo tiempo: No hay izquierdas ni derechas.

Negar el orden político en términos de derecha e izquierda es negar la existencia de la lucha de clases lo que es un triunfo para el capitalismo salvaje. En tanto existan empresarios y trabajadores habrá lucha de clases y en consecuencia la política se ha de concebir en términos de izquierda y derecha.

Pero todos estos razonamientos socio-políticos no se han hecho en la campaña electoral por la presidencia de la segunda economía de Latinoamérica; la campaña electoral se ha centrado en desacreditar a “ya sabes quien”, con rumores, sacando “sus trapitos al sol”, intentando sembrar el miedo en la población imaginando un México gobernado por un clon de Maduro pero con aspiraciones “trumpistas” que abrirá las cárceles para perdonar a toda suerte de criminales que infestarán las ciudades del país mientras los jóvenes se drogan con la “hierba del diablo” ya que este “demonio comunista come niños” despenalizará las drogas.

Estoy convencido que López Obrador, dista bastante de ser un estadista, y algo de megalomanía y populismo se respiran en sus mítines, pero ¿qué político no es un poco populista y megalómano? Lo que está claro es que centrar el debate en si su acento sureño “es de nacos” o si no habla inglés, es alimentar el discurso de aquellos que durante los últimos sexenios han mantenido secuestrado al país a base de hambre y miedo.

He tenido la prudencia de leerme el programa electoral de MORENA, y no veo por ningún lado lo “quimérico” (como lo definía algún periodista en un videoblog) de su proyecto. Me parece de lo más razonable que el segundo punto sea acabar con la corrupción, lo que me parece lamentable y preocupante es que los otro candidatos no lo contemplen, como si la corrupción fuera “normal”, como si no se pudiera acabar con ella. Me parece perfectamente lógico que se apueste por un modelo económico diferente y sostenible, está claro que el modelo neoliberal no ha llevado a buen puerto a la sociedad en un país con más del 46 % de su población en pobreza y extrema pobreza. No veo lo “absurdo” en plantear políticas de igualdad en un país sumamente machista, o en luchar por ser una nación pluricultural en un país donde a los pueblos indígenas se les ha marginado durante 500 años y se les sigue marginando, o en proponer respeto y cumplimiento de los Derechos Humanos en un país donde la tortura es el pan de cada día en las comisarías.

Me preocupa que los programas de los otros dos candidatos (que también tuve la prudencia de leer) centren sus propuestas en políticas económicas y no sociales, y sigan esgrimiendo el discurso neoliberal de a mayor inversión privada mayor bienestar social, cuando durante más de 30 años se ha demostrado que eso es una autentica falacia y que el crecimiento económico de un país no se verá reflejado en el crecimiento económico de su población en tanto no se implementen políticas sociales y mecanismos de control por parte del estado.

En fin, ya veremos el domingo.

miércoles, 20 de junio de 2018

Tregua al Futból


Mi afición, por llamarle de alguna manera, al futbol nunca ha sido destacable; quizás la época en que trabajé en el equipo de prensa y difusión del Pachuca (justo la temporada anterior a la del acenso), sirvió para alfabetizarme futbolísticamente y despertó cierto interés en un deporte que hasta ese momento había pasado por mi vida sin pena ni gloria, salvo (como la mayoría de las personas) durante un mes cada cuatro años.

Algunos años después, viviendo ya en la Ciudad de México, ese interés fue creciendo discretamente debido, más que nada, a mi entorno de amistades, muy futboleros todos y con los cuales compartía cierta simpatía por el equipo Cruz Azul, incluso llegue a ir al estadio con ellos a ver algún partido de Liga.

Nunca me disgustó el futbol, la verdad sea dicha, al menos no en aquellos años, ni cuando me mude de ciudad y vine a vivir a Barcelona donde, nuevamente, mi entorno de amistades, influyó, ahora de forma mucho más contundente, en mi gusto por este deporte y mi predilección por el Barça. Gusto y predilección duraron poco, apenas unas cuantas temporadas, donde pase de festejar eufórico victorias en la Fuente de Canaletas, a cuestionar seriamente el uso y abuso del espectáculo entorno a este deporte para, incluso, distraer la atención de la ciudadanía sobre asuntos sociales y políticos que afectan la economía, las libertades y el estado de bienestar de las personas.

Pero, también hay que decirlo, mi crítica siempre ha sido hacia los medios, hacia los gobiernos y fundamentalmente, hacia la “afición” pues son ellos, y no el deporte en sí mismo, quienes permiten ese uso y abuso. Es indignante, siempre lo diré, que la ciudadanía sea capaz de movilizarse por cientos de miles, para festejar una victoria futbolera, ya sea del Barça, del Cruz Azul, de la Selección de México o la de España, y no tenga la conciencia de clase para movilizarse por sus derechos más fundamentales. Esta posición crítica adoptada por mi ha supuesto un desapego constante hacia el futbol, desapego del cual no me arrepiento y que seguiré ejercitando.
 
Incluso, el Mundial, hasta hace unas pocas semanas, no me había llamado demasiado la atención, llegue a pensar que ni siquiera vería algún partido. Fue entonces cuando en este Mundial comenzaron a ocurrir “cosas extrañas”, incluso desde la clasificación: Italia y Holanda no llegaron a clasificarse, y si lo consigue Perú después de 35 años, y por primera vez en la historia vemos a Islandia jugar en un Mundial.

Llegaron los primeros partidos: España y Portugal empatan al igual que lo hace Argentina con la recién estrenada Islandia, y qué decir del siempre favorito Brasil que también empata con Suiza.

Pero la sorpresa más grata sin duda es la protagonizada por la Selección Mexicana que, no solo le gana a la campeona actual Alemania, si no que lo hace jugando un esplendido partido, a pesar del escándalo de la supuesta “fiestecita” que se montaron los jugadores.

Llevo días pensando (incluso antes del partido de México): En éste mundial puede pasar cualquier cosa, igual vemos buen futbol, no ganan los mismos (o al menos se lo tienen que currar un poco mas) y vale la pena darle una tregua al futbol, aunque no me ponga la camiseta de la Selección, me la probé y parezco tamal mal amarrado.

lunes, 14 de mayo de 2018

Vergüenza

Que vergüenza de país, de gobierno, pero sobre todo de conciudadanos. Me ha llevado un par de meses volver a escribir, pues ha sido abrumadora la vorágine de acontecimientos que se han sucedido unos tras otros (unos sobre otros diría mejor) durante este tiempo.

Desde que el juez Llarena ordenó por primera vez la prisión preventiva, tanto para buena parte de los miembros del anterior gobierno catalán, como para los dos activistas independentistas, yo siempre sostuve que todos ellos no eran presos políticos, sino políticos presos, pero el propio Juez Llarena y el Tribunal Constitucional se encargaron de aclararnos a todos que si que son presos políticos, pues no se les libera por sus ideas (de una medida cautelar por cierto, ya que aún nadie ha sido condenado),  como ilustra perfectamente la resolución del Juez Llanera con respecto a la solicitud de libertad de Jordi Sánchez (Asamblea Nacional Catalana): “El solicitante mantiene su ideario soberanista, lo que resulta constitucionalmente válido pero imposibilita el convencimiento de imposible reiteración delictiva...” Es decir, esta en la cárcel porque piensa como piensa, y eso que la propia resolución aclara que esa forma de pensar no es un delito en si misma, !vaya, hombre, solo faltaba que pensar de una manera determinada fuera delito!...

Un momento, me parece que si, que según algunos jueces si consideran que pensar de una forma determinada es delito, y si tus ideas las expresas, por ejemplo, cantando (rapeando para ser precisos) mereces ir a la cárcel, si no que se lo pregunten al rapero Valtonyc: 3 años y medio de prision, por enaltecimiento del terrorismo, injurias al Rey y amenazas; todo esto en sus canciones ¿eh?, no vayamos a pensar que el chaval fue a manifestaciones ilegales pro-ETA o envió anónimos amenazantes a nadie; solo hizo canciones, con las que puedes o no estar de acuerdo, que incluso te pueden parecer de mal gusto, pero ¿ir a la cárcel por hacerlas? O preguntémosle a Pablo Hasel, otro rapero que fue mas allá y utilizo un “arma de destrucción masiva”, el twitter, para, según los magistrados, enaltecer el terrorismo e injuriar a la corona y a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado; entre los tweets y los raps, este chaval acumula 5 años de prisión.

Mientras todo esto sucede, el cuñado del Rey, condenado a poco más de 6 años de prisión (condena ridícula por otra parte) por prevaricación, malversación, fraude, trafico de influencias y 2 delitos fiscales, vive plácidamente en Suiza (país de difícil extradición) mientras espera el recurso de su sentencia ante el Tribunal Supremo, adivinen quien, pase lo que pase, no pisará la cárcel.

Pero volviendo a los presos políticos de Catalunya; ellos, tienen sobre sus cabezas la espada de Damocles de 30 años de prisión por un supuesto delito de rebelión, el cual para probarse requiere necesariamente del uso de la violencia en el alzamiento público. Y es curioso como la justicia española ve violencia en dos activistas de pie sobre el techo de una patrulla de la guardia civil,  megáfono en mano instando a los manifestantes a marcharse de forma pacifica, y no ve violencia en 5 energúmenos penetrando a turnos y en contra de su voluntad, a una chica de 18 años, tratándola como si fuera un objeto (dice la propia sentencia), y por esa “ausencia de violencia” los 5 miembros de “la manada” han sido condenados a tan solo 9 años de prisión por un delito de abuso y no de violación.

Y es que el poder judicial en este país esta en manos, no solo de un patriarcado, si no de un patriarcado ultra-conservador heredero de la dictadura que sumió durante 40 años a España en el mas profundo oscurantismo nunca visto en la Europa del siglo XX, y que cuesta, más de lo imaginado, expulsar de nuestra política y de nuestra sociedad. Vivimos en un país en el que se subvencionan Fundaciones que enaltecen la figura del dictador Francisco Franco y justifican el genocidio de cientos de miles republicanos.

Pero que podemos esperar de un país donde los políticos que actualmente gobiernan obtienen sus títulos universitarios de forma fraudulenta o mienten en sus curriculums. Alguien hace poco me decía, como en broma “cada vez nos parecemos mas a tu país” a lo que yo salté “no, me vas a perdonar pero no, en México los políticos son muy, pero muy corruptos, muchos roban a manos llenas y aprovechan sus posiciones para hacer negocios, pero no son tan cutres como para meterse a un súper a robar cremitas, eso solo pasa aquí, en este reino alpargatero y hortera”

Pero lo más grave de todo esto es que, si votáramos hoy, ganaría rotundamente la derecha, entre Ciudadanos y el Partido Popular volverían a obtener la mayoría absoluta en el Parlamento y la Izquierda se desplomaría, lo que quiere decir que, si tenemos un país cutre, alpargatero e ignorante, es porque la inmensa mayoría de la sociedad es cutre, alpargatera e ignorante... ¡Vergüenza de conciudadanos!

martes, 16 de enero de 2018

Hoy no hablaré de Catalunya

Hoy no hablaré de Catalunya, ya me han cansado: Los políticos con su mesianismo, con su victimismo, con su autoritarismo… Los periodistas con su amarillismo, con su complicidad con los políticos, con su soberbia… La gente con su profunda ignorancia, con su tozudez, con su visceralidad… Ya me ha cansado el procès, metéroslo en el cajón de los tiliches*.

Hoy voy a hablar de cosas que os parecerán menos importantes, porque como comenté en el post anterior, lo verdaderamente importante es Catalunya, ¿cómo no?, lo demás es lo de menos. Pero mira por donde hoy voy a hablar de lo de menos, de las 56 mujeres asesinadas durante el 2017 en España víctimas de la violencia machista, si de la violencia MA-CHIS-TA y no violencia de género. Aún no entiendo por qué se empeñan en llamarla violencia de género, el uso de ese término abre la posibilidad a que la violencia se ejerza de forma bidireccional y no es así: Siempre, la violencia entre dos personas de diferente sexo la ejerce un hombre sobre una mujer, siempre; y cuando no es así, estamos ante un caso anecdótico. Porque la violencia machista no solo es física, también es psicológica, social, laboral, y quizás estas formas de violencia sean muchísimo más frecuentes en esta sociedad y estén menos cuantificadas.

Porque, aunque a los y las defensores y defensoras de términos como “feminazis” ó “misandria” no les guste, ésta es una sociedad falocrática donde desde pequeños, incluso sin quererlo, se nos inyecta machismo directo en vena, estableciendo los “roles” que cada uno y una ha de jugar en esta sociedad, incluso aunque esos roles puedan variar con el tiempo y parecer “progres”, pues los niños seguirán siendo valientes y fuertes protectores (aunque ahora también se les permita ser sensibles) y las niñas seguirán siendo princesas débiles a quienes proteger (aunque ahora también se les permita ser exitosas y luchadoras).

Cada día y en todo momento somos testigos (cuando no los cometemos) de pequeños actos machistas, “micromachismos” les dicen, un voltear a ver un culo, un bajar la mirada a un escote, contar un chiste “gracioso” pero misógino, una charla “entre hombres” sobre “lo buena que esta…”, un comentario en el trabajo sobre si el mal humor de “tal persona” es porque “tendrá la regla”, etc. Todo esto también es violencia machista, todo esto la normaliza y hace que la sociedad no se conmueva ante las estadísticas de 56 mujeres asesinadas por su condición de mujeres.
También es violencia machista cuando aquel adolecente le pide el móvil a la novia para “revisarlo” ó cuando el preadolescente hostiga “por hacer la gracia” a otra preadolescente, metiéndose con su físico.

Y cuando encendemos la tele y miramos un anuncio de colonia donde se “cosifica” a la mujer, y en este caso seguro que aquellos defensores de la “igualdad” que llaman feminazis a las feministas dirán “¡hey, también se cosifica a los hombres en ese tipo de publicidad!”… Pues no, no es verdad, porque esta tan normalizada la violencia machista que el espectador masculino al ver a un congénere ser “usado” o “abusado” por una mujer en un anuncio no lo percibe como una agresión, lo percibe como una situación morbosa y satisfactoria. En la calle, cuando una mujer camina sola de noche y un hombre la acosa, aunque sea verbalmente y a mucha distancia, la mujer siente miedo, rabia; en una hipotética situación similar invirtiendo los papeles el hombre nunca se sentirá vulnerable, incluso la situación le podría resultar excitante. Porque la sociedad, durante cientos y cientos de años nos lo ha enseñado así, nosotros dominamos, sometemos, y hasta que no seamos consientes de ello y dejemos de alertarnos cuando se pondera el papel de la mujer en una situación determinada, o cuando se reivindican sus derechos por encima de los nuestros, no estaremos comenzando a avanzar hacia la igualdad de género.

 *Tiliche: Mexicanismo que significa baratijacachivachebujería

martes, 2 de enero de 2018

Lo que importa es Catalunya


Ya hace 10 días de las elecciones catalanas, al día siguiente, como año tras año, Loterías y Apuestas del Estado, repartió con el “gordo” de navidad 4 millones de euros, una minucia comparados a los más de 80 millones que, a partir del 2018, tendremos que “apoquinar” cada uno de nosotros en la factura del gas para pagarle al pobre Florentino Pérez y a sus socios gaseros parte de la indemnización del, presuntamente fraudulento, complejo Castor, pese a que el Tribunal Constitucional ya determino que no hay que pagar una mierda, pues anuló dicha indemnización (más de 1,300 millones sin tomar en cuenta los intereses que llegan a triplicar esta cifra). Recordemos que durante este año que ayer terminó ya pagamos en el recibo del gas otros 80 millones.

Hablando de pasta robada, hace tres días murió con 91 añotes la única hija del dictador unihuevo, el insignificante hombrecillo que secuestró este país durante mas de 40 años, dividió familias enteras, instauró el fascismo más hortera (más incluso que el de Moussolini, que ya es decir) y fue el responsable de cientos de miles de asesinatos y desapariciones a día de hoy impunes, entre otras razones porque quienes hoy gobiernan son sus herederos ideológicos.

La mujer esta, la que se murió, dejó un patrimonio de aproximadamente 600 millones de euros producto de la expoliación durante la dictadura de su padre; nadie de su familia ha dado golpe en su puñetera vida ni sus hijos ni sus nietos, incluido el heredero de la corona francesa (claro, si Francia no hubiese tenido a bien popularizar, en el siglo XVIII, la guillotina). Cuatro generaciones han vivido del dinero robado por Francisco Franco durante 40 años de dictadura y ningún gobierno ha tenido la decencia de, al menos, pedir explicaciones.

Pero volvamos a Catalunya, que es lo que importa, no "La Gurtel", ni quien es M.Rajoy (no vayáis a pensar que es el presidente ¿eh?), ni los más de 60 casos de corrupción que implican al Partido Popular, ni los más de 900 altos cargos del PP imputados, ni las 56 mujeres asesinadas en España durante el año en crímenes de violencia machista, ni que las pensiones hayan subido el mínimo de ley, es decir 5 veces menos que lo que ha subido el coste de la vida, ni que el gobierno de Mariano Rajoy (no M.Rajoy ¿eh?) en 6 años haya vaciado el fondo de reserva de la Seguridad Social (la llamada “hucha” de las pensiones) y haya tenido que pedir un préstamo de 10,000 millones para poder hacer frente, entre otras cosas, a la paga de navidad de los pensionistas... Tampoco importa que 12 raperos que forman parte del colectivo “La insurgencia” hayan sido condenados a 2 años y un día de prisión, más una multa de casi 5000 euros acusados de “enaltecimiento del terrorismo” por componer y cantar sus canciones; tampoco importa que cientos de sindicalistas estén encausados y decenas condenados por ejercer el derecho a la huelga y a la libre manifestación... No, nada de eso es importante, solo Catalunya.

Porque en Catalunya, dicen, se pretende romper la unidad de España, esa “unidad” heredera directa del lema del hombrecillo infame: “Una, grande y libre”, esa unidad “indisoluble” de la nación española que no es otra cosa que la concesión necesaria que los constitucionalistas del 78 tuvieron que hacer con los militares adictos al régimen. Una “unidad” que el gran Rubianes sabía perfectamente que tenían que hacer con ella...

Pues eso, que en Catalunya volvimos a votar, y resultó que, como preveía en el post anterior, seguimos divididos, no hacía falta ser un lumbreras para intuir que el resultado sería un Parlament similar al que se tenía: 50% de partidos independentistas y 50% de no independentistas, más o ménos; ya comentaba yo que la cosa seguiría atorada como no se hiciera un pacto progresista, que los partidos de izquierdas en ambos bloques (indepes y no-indepes) tendrían que hacer un ejercicio de estadísmo y bla, bla, bla... ¡A tomar por saco! Eso ya no es posible, de hecho veo a Catalunya, como está la cosa ahora mismo, ingobernable. Hay periodistas, de clara tendencia independentista, tendencia totalmente respetable, que insisten en que “estas” elecciones no se tienen que ver en clave de izquierdas o derechas, y creo que decir eso es un gravísimo error, pues es esa lectura es la que nos ha llevado a tener, no un Parlament con 70 escaños independentistas, sino a tener un Parlament con 74 escaños de derechas. Me parece muy preocupante que se haya impuesto el mesianismo de Puigdemont carente de un proyecto de gobierno real, sobre el programa social que parecía haber retomado ERC.

¿Y por que digo que, tal y como ha quedado el Parlament, Catalunya me parece ingobernable? Veréis, la propia ERC sabe que el proyecto independentista se ha de aparcar, pues tal y como se ha llevado el Procès, la independencia a corto o mediano plazo es inviable; se ha de intentar conseguir el ansiado referéndum legal, lo que supone cambiar la configuración del parlamento español, al tiempo que se debe buscar la cohesión social en una Catalunya fracturada y muy lastimada; todo esto llevará mucho tiempo, además de que siempre existe la posibilidad de que no se llegue finalmente a la independencia, por que resulte que al final la mayoría no la querramos. Pero resulta que la CUP, con sus 4 diputados esta, nuevamente, en una posición determinante para formar gobierno pues entre JxCAT y ERC sumán 66 escaños y se necesitan 68 para formar gobierno, y dudo mucho que la CUP renuncie al Procès constituent, pues para ellos de facto ya esta proclamada la República Catalana, un tanto incoherente haber participado entonces en estas elecciones ¿no?...

En fin, que si se consiguiera formar gobierno con JxCAT y ERC más 2 diputados ya sea de CUP o de los comunes (soy escéptico en ambos supuestos), habría que gobernar, más allá del proyecto independentista, y es un hecho que, salvo en el soberanísmo, PdeCat (antes CdC y la principal fuerza política de JxCAT es mucho mas cercana al neoliberalismo de Ciutadans que a la Socialdemocracia de ERC.

Así las cosas, habrá que esperar unos días a que pasen las fiestas y pase la resaca, física, económica y electoral, mientras tanto que os traigan los Reyes lo que hayais pedido, yo es que soy mas de Santa Clos, con eso de que va de rojo me inspira mas confianza que la monarquía... Y a los ciudadanos de buenas conciencias nacional-católicas, tranquilos, no se rompe España, la unidad nacional esta a salvo y de los campanarios solo cuelgan campanas.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Algo se ha roto


Han pasado poco más de dos meses desde la última vez que escribí un post en este blog, en esa última entrada hablaba yo sobre cómo esa perversa unión entre PdeCat y ERC junto con la CUP, usando y abusando de su mayoría parlamentaria, pasaban por encima del resto de partidos, los no independentistas, y desobedeciendo las propias reglas del Parlament, aprobaban la ley del referéndum y la posterior ley de desconexión. Desde aquel 6 de septiembre hasta hoy han pasado una cantidad de acontecimientos que si me hubiesen dicho que pasarían, no me lo hubiera creído, pero pasaron: El Estado puso en marcha un “espectacular” operativo, Anubis le pusieron, el cual consistía en llenar de patrullas de los GRS de la Guardia Civil (sus cuerpos de elite) importantes vías de Barcelona, donde se encuentran las principales Conselleries de la Generalitat , registrarlas y detener a funcionarios de alto nivel para ser interrogados (llevándoselos esposados, para añadir dramatismo a la puesta en escena), al tiempo que esto ocurría más de 10.000 policías nacionales y guardias civiles eran alojados en cruceros fletados por el gobierno español, barcos decorados con enormes dibujos de personajes entrañables de la Warner, flipante. Cientos de miles de ciudadanos en Catalunya nos indignamos ante lo que a todas luces parecía una “ocupación” y muchos, que no íbamos a votar en 1 de octubre por considerar esa convocatoria ilegitima, finalmente decidimos votar (en mi caso votar “no”, pero seguramente hubo mucha gente que ante estos movimientos del Estado decidió cambiar su intención de voto).

Decidí finalmente acudir a las urnas ilegales porque unos y otros, Estado y Generalitat, a los “equidistantes”, nos pusieron una pistola en el pecho, figuradamente hablando obviamente, pues votar legitimaba una posición pero no votar legitimaba otra, al menos eso pensamos muchos, y en mi caso decidí optar por el que vi como “daño menor”, al fin y al cabo terminó siendo lo que yo pensé que terminaría siendo: Una reivindicación social más que una votación vinculante, aunque los independentistas más radicales, al día de hoy no lo quieran ver así.

El Estado, utilizando el monopolio de la violencia que ostenta, terminó boicoteando con éxito el 1-O: Entre las urnas incautadas, los colegios electorales cerrados a hostias y los gravísimos “errores” informáticos en el llamado “censo universal” (sic), el resultado no puede ser ni fiable ni legítimo.

A pesar de todo, y después de dos semanas de titubeos, negociaciones “secretas” y presiones, el Parlament (hoy disuelto) y el President (ahora cesado) declararon unilateralmente la independencia de la República Catalana, y la respuesta del Estado fue la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que viene a decir más o menos que el gobierno en turno puede adoptar las medidas necesarias (previa aprobación en mayoría absoluta del Senado) para hacer que una Comunidad Autónoma díscola cumpla forzosamente con sus obligaciones constitucionales. Es evidente que a este artículo de la Constitución Española le falta un poquito de desarrollo, pero bueno, tampoco es que se lo hayan sacado de la manga, de hecho es una copia prácticamente literal al artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn (Constitución Alemana). En fin, que el resultado ha sido la disolución del Parlament de Catalunya, el cese del President, del Vicepresident y de todos los Consellers catalanes, la querella penal en contra de todos los miembros del Govern catalán, de los miembros de la mesa del Parlament y de dos activistas, la encarcelación preventiva de esos dos activistas y de parte del Govern cesado (incluido el exvicepresident Oriol Junqueras), el auto exilio de otra parte de Govern cesado (incluido el expresident Carles Puigdemont) y la convocatoria de elecciones autonomicas en tiempo record: Votaremos el jueves 21 de diciembre. Mientras tanto, las funciones de la Generalitat las asume el Gobierno Central, vamos que estamos intervenidos.

Así las cosas; he creído necesario el resumen, primero porque algunos y algunas que me leéis estáis a miles de kilómetros allende el mar y seguro que bien, bien, no se llega a entender la sarta de despropósitos que se han venido acometiendo en los últimos dos meses; pero también porque me viene bien poner un poco de orden en mi cabeza y en mis emociones ya que han sido un par de meses verdaderamente "esquizofrénicos", saltando de la defensa al rechazo y viceversa de ambas posturas. Si no he publicado en todo este tiempo ha sido fundamentalmente porque mi enorme enfado no me hubiese permitido escribir con cierta sensatez, aún ahora me cuesta encontrar las palabras sin pasar por el sobresalto visceral.

Aquel 6 de septiembre, algo se rompió, de una forma en que difícilmente se podrá volver a unir, me explico: Todos, en Catalunya tenemos en nuestro entorno más cercano, amistades, familia, compañeros de trabajo, tanto independentistas como no independentistas, y hasta hace dos meses se podía perfectamente hablar de forma critica sobre estos temas, sobre la viabilidad o no de una hipotética independencia, sobre pros y contras; incluso se podía hasta discutir acaloradamente en una tertulia familiar o una reunión de amigos y terminar la jornada con dos besos y un abrazo, pues por encima de cualquier sentimiento ideológico existía otro mucho mas fuerte mas solido, el de la amistad y el de los lazos familiares. Hace 13 años que vivo aquí, estoy casado con una catalana y mi hijo es catalán, puedo decir sin miedo a equivocarme que los catalanes y las catalanas en general, son gente leal y honesta, una vez que te brindan su amistad es para toda la vida, pienses como pienses, votes a lo que votes, creas en lo que creas. Pero hoy en Catalunya las tertulias familiares y las reuniones de amigos ya no terminan con dos besos y un abrazo, en el mejor de los casos, acaban con un apretón de manos y una revalorización del vínculo que une a quienes se despiden.

Pero si hace poco más de dos meses algo se rompió, hace 7 años que se viene tensando ese "algo" para que se rompa, por un lado el gobierno de Partido Popular atacando insistentemente todo lo catalán (desde el Estatut d’Autonomia recurrido ante el tribunal constitucional y mutilado finalmente por éste, hasta la financiación por debajo de las demás Autonomías cuando se aportaba cerca del 25% del PIB nacional); y por otro lado los partidos independentistas alimentando el rencor a lo español con el “Espanya ens roba” o “Sense Catalunya Espanya fa fallida”. Con una absoluta irresponsabilidad y con poquísima altura de miras, políticos de ambos lados del Ebro, que distan mucho de ser estadistas, han conseguido en esos 7 años lo que en su día logró el hombrecillo infame del alzamiento del 36: Separar familias enteras y fracturar a la sociedad (catalana y española) en “ellos y nosotros”

Votamos en 3 días a un nuevo Parlament, y no he escuchado por parte de ERC, JxCat, PP ó C’s, un programa político una hoja de ruta para hacer gobernable Catalunya. La CUP por su parte tiene un programa social claro, pero pasa irremediablemente por la instauración de la Republica catalana y por tanto por continuar con el proceso unilateral de independencia. El PSC por su parte, también tiene desarrollado un programa político que incluye atender buena parte de las demandas sociales de Catalunya, pero según el propio Iceta, no esta dispuesto a gobernar o pactar un gobierno con ERC. La coalición  En Comú Podem tiene claro que para hacer gobernable Catalunya y sacar adelante su programa social hace falta un pacto de Izquierdas que pasa necesariamente por tender lazos entre ERC (probablemente la lista más votada) y PSC, pero no parece que los Republicanos quieran de verdad apartarse de la estrategia de utilizar su estancia en prisión continuando con el discurso victimista (exactamente igual que JxCat), ni que el PSC quiera hacer un ejercicio de estadismo rompiendo una lanza a favor de ERC para intentar, junto a los comunes, desenrocar esta situación.

A ningún político parece importarle demasiado el verdadero dilema en Catalunya: Veréis, la única radiografía fidedigna que se tenía de la sociedad catalana y de lo que ésta quiere, era la composición del Parlament después de las elecciones de 2015, puntos porcentuales arriba o abajo, la mitad eran partidos (o coaliciones) independentistas y la otra mitad no independentistas, y ese 50% es el principal problema ya que,a tenor de esa evidencia, ninguno puede hablar por todos, no somos “un solo poble” como utiliza de slogan  Puigdemont, estamos cortados por la mitad, y parece que dentro de 3 días la cosa no va a cambiar mucho gane quien gane. Hace falta desbloquear la situación y la única forma de que esto sea posible es a través de un pacto progresista con todos lo partidos de izquierda, pero me temo que están todos y todas mirándose demasiado el ombligo mientras a los ciudadanos de Catalunya nos siguen creciendo las grietas hasta que la fractura sea de verdad irreparable.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Entre la desobediencia y el atropello

Futur incert (Foto y composición: Imanol García Aladro 2017)
El pasado 6 de septiembre, en Catalunya, asistimos a un espectáculo penoso, no porque se aprobara la ley que soporta el marco legal para la realización de un referéndum con el que se pretenderá  decidir la independencia de Catalunya, tampoco porque esa aprobación requiriera la desobediencia al Estado español y a sus instituciones, y por tanto la desobediencia a la Constitución española, esta desobediencia es esperada, casi necesaria, en un proceso que, aparentemente, ha agotado todos los recursos políticos para conseguir el añorado referéndum de forma negociada con el Estado; lo vivido entre el 6 y el 7 de septiembre fue esperpéntico porque, para alcanzar su objetivo, el Govern catalá y la mayoría parlamentaria de JuntsxSi y la CUP reventaron la propia legalidad catalana modificando el reglamento del Parlament y el Estatut d’Autonomia a conveniencia y saltándose normas fundamentales para poder hacerlo, como votar esas modificaciones en mayoría cualificada, es decir dos tercios de los diputados, ó seguir los procedimientos establecidos en el reglamento, como esperar al dictamen del Consell de garanties, en lugar de eso, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, desoyó sistemáticamente al Secretari del Parlament y a los letrados, no moviéndose ni un milímetro de la hoja de ruta marcada por la coalición independentista, la CUP y la propia Asamblea Nacional Catalana, en una suerte de embarco bucanero (por parafrasear a Joan Coscubiela) que terminó por secuestrar al Parlament, en medio del atropello a los derechos de los diputados de la oposición.

Decía yo, que la desobediencia al Estado español, a sus instituciones (como el Tribunal Constitucional) y a la propia Constitución española, es casi necesaria tal y como están las cosas de enquistadas, pero manipular y desobedecer la propia legalidad catalana, es deslegitimar el marco legal que pretenden legitime sus aspiraciones. No le encuentro sentido a aprobar una ley para hacer un referéndum y otra ley para establecer los pasos de la hipotética desconexión con el Estado español, reventando las leyes en las que se suponen se han de fundamentar.

Hay quienes comparan el proceso catalán con procesos independentistas históricos: La revolución de independencia estadounidense, la revolución francesa e incluso la guerra de independencia de México (así como las ocurridas en toda América Latina), diciendo que en todos esos procesos, las constituciones y los marcos legales que regirían las nuevas naciones comenzaron siempre de cero, sin necesidad de marcos legales que legitimaran nada. Es verdad, pero todos esos casos fueron precedidos por enfrentamientos bélicos, revoluciones que terminaron por obligar a los países “opresores” a reconocer la soberanía de las nuevas naciones. Este no es, ni por asomo, el caso de Catalunya; aunque los partidarios del “si” se empeñen en utilizar eufemismos como “revolución democrática”, este no es un proceso revolucionario social porque simplemente no existen condiciones revolucionarias, si fuera así, no se recurriría a ningún marco legal, ni a ningún parlamento, se gestaría la nueva nación desde la clandestinidad, sacando el conflicto a la calle asumiendo todas sus consecuencias (cosa que por cierto si quiere la CUP). Puede aspirar, quizás, a revolución política, puede; pero siguen faltando condiciones revolucionarias objetivas (opresión y miseria) y subjetivas (concienciación de la clase “oprimida” respecto a su condición): No olvidemos que el movimiento independentista catalán esta gestado y soportado desde la burguesía catalana (ANC, PDeCat, incluso los socialdemócratas ERC). La burguesía en particular, y la mayoría de la sociedad catalana en general, mantiene un statu quo que difícilmente estará dispuesto a perder por mucho sentiment que haya de por medio.

Yo no creo que se pueda votar el 1 de octubre, y mucho me temo que eso ya lo sabían los “padres del procés” antes de reventar el Estatut y secuestrar al Parlament, de hecho me parece que el objetivo último era ese: Que finalmente el “maldito Estat Espanyol” utilice el monopolio de la violencia que ostenta, creando mártires y asegurando así una eventual victoria de los partidos de la coalición independentista en unas consecuentes elecciones anticipadas.

La CUP, por su parte, supone que esa imposibilidad forzada para votar desembocaría de forma natural en “sacar el procés a las calles”, y así será, por un tiempo (más corto que largo), en cuanto la población independentista que apoya estas elecciones “a toda costa” comience a ver peligar su statu quo, optará por dejarlo estar, optará por las elecciones anticipadas por que “som gent pacífica, democràtica”; insisto, no hay condiciones revolucionarias.

Pero supongamos que finalmente se vota, ¿de verdad creemos que la ley de referéndum es garantista? ¿De verdad es justo y democrático que con un voto más del “si” frente al “no” se proclame unilateralmente la independencia? ¿Vemos normal que no se exija un mínimo de participación? Al escuchar estas preguntas, los partidarios incondicionales de la “independencia a toda costa” replican que no sería la primera vez, y te ponen de ejemplo paradigmático el referéndum de Escocia; pero se dejan un par de cosas muy importantes, el referéndum de Escocia fue pactado con el Reino Unido, su marco legal es garantista y, sobre todo, transcurriría más de un año desde su aprobación hasta su realización dando plazo suficiente a partidarios tanto del “si” como del “no” a promover la participación que, finalmente, fue del 84,6%. Escocia, por cierto, es la excepción, pues casos como el de Montenegro-Servia, Kosovo o más recientemente, la región del Véneto en el norte de Italia, exigieron una participación mínima que oscilaba entre el 50% y el 60%, según cada caso.

No me voy a detener en hablar sobre la poca o nula seguridad jurídica que supone no conocer el censo con anterioridad o poder imprimir la papeleta en casa, es obvio lo que suponen este tipo de “licencias” en cualquier votación: Más, si cabe, falta de legitimidad en el resultado.

¿Y si al final se declara unilatetalmente la independencia de Catalunya? Pues no lo se, porque despues del ridiculo monumental que estamos haciendo (Catalunya y España) frente a la comunidad internacional dudo mucho que algun país nos reconozca como Estado, y para que finalmente un país pueda ser considerado independiente necesita forzosamente un minimo de reconocimiento internacional.

No nos olvidemos de algo fundamental, el principal responsable de este despropósito es y seguirá siendo el Gobierno español del PP, de eso no hay duda; pero, definitivamente, yo no quiero una República (catalana o española) gobernada por quienes han pactado los recortes que padecemos, las reformas laborales que han lacerado el estado de bienestar, y que durante mucho tiempo fueron socios en el desfalco a Catalunya y a España, estoy hablando, porsupuesto, del PP y de Convergencia (ahora PDeCat).